EL SER HUMANO

ser humano

1. EL SER HUMANO
2. EL PUESTO DEL SER HUMANO EN EL COSMOS
2.1. CREACIONISMO
2.2. EVOLUCIONISMO
3. LA DIFERENCIA: el ser que se interroga
Descargar tema en pdf

 

1.EL SER HUMANO:

El ser humano intenta comprenderse a sí mismo buscando las diferencias respecto al resto de los animales (considerados inferiores) y respecto a los dioses (supuestos seres superiores). De este modo ya Homero se referido a los dioses como “felices e inmortales”, mientras que lo hace respecto a los hombres diciendo: “Como las hojas de los árboles (que caen en otoño), así las generaciones de los seres humanos”. Si los dioses son felices es porque son inmortales y todopoderosos, nada pueden temer. En cambio los hombres son mortales y su poder es limitado, temen el dolor y la muerte. La comparación con los animales la podemos apreciar en los antiguos horóscopos caldeos, en las fábulas en las que los animales aparecen como ejemplos de ciertos caracteres humanos (la zorra es astuta, el león poderoso, la hormiga laboriosa, etc.) y nos enseñan a no cometer sus mismos errores o a imitar sus virtudes.

La razón de esta comparación es la conciencia que tiene el ser humano de su diferencia respecto a los animales, que parecen vivir sin grandes complicaciones, siguiendo las pautas de comportamiento instintivas marcadas por sus características biológicas, lo cual hace que se ajusten al medio de modo natural. En cambio el ser humano tiene que inventar su conducta y su ajustamiento utilizando su única arma: la razón y la imaginación, a través de las cuales, la mayor parte de las veces, adapta el medio a sus propias condiciones vitales.

«A los animales les basta vivir. Porque su existencia se desliza armoniosamente con las necesidades atávicas. Y al pájaro le basta con algunas semillitas o gusanos, un árbol donde construir su nido, grandes espacios para volar; y su vida transcurre desde su nacimiento hasta su muerte en un venturoso ritmo que no es desgarrado jamás ni por la desesperación metafísica ni por la locura. Mientras que el hombre, al levantarse sobre las dos patas traseras y al convertir en un hacha la primera piedra filosa, instituyó las bases de su grandeza pero también los orígenes de su angustia; porque con sus manos y con los instrumentos hechos con sus manos iba a erigir esa construcción tan potente y extraña que se llama cultura e iba a iniciar así su gran desgarramiento, ya que habrá dejado de ser un simple animal pero no habrá llegado a ser el dios que el espíritu le sugiera. Será ese ser dual y desgraciado que se mueve y vive entre la tierra de los animales y el cielo de sus dioses, que habrá perdido el paraíso terrenal de su inocencia y no habrá ganado el paraíso celeste de su redención. Ese ser dolorido y enfermo del espíritu que se preguntará, por primera vez, el por qué de su existencia. Y así las manos, y luego el hacha, aquel fuego, y luego la ciencia y la técnica habrán ido cavando cada día más el abismo que lo separa de su raza originaria y de su felicidad zoológica” (E. SÁBATO, Sobre héroes y tumbas. Seix Barral, 1984, pp. 519-520).


2. EL PUESTO DEL SER HUMANO EN EL COSMOS

Entonces ¿cuál es el lugar que ocupa el hombre en el universo? Para responder a esa pregunta el ser humano ha tenido que suponer cómo era el cosmos mismo. A lo largo de la historia podemos distinguir dos grandes concepciones:

a) El mundo como creación o recreación divina:

Según esta concepción todos los seres naturales han sido creados por un dios (según la religión judeocristiana y otras) u organizado por el Demiurgo (según Platón en su diálogo del Teeteto) En ambos casos dicha creación o recreación ha sido realizada siguiendo modelos ideales [pertenecientes a la mente divina (juedeocristianismo) o al mundo de las ideas (Platón)] En ambas concepciones el ser humano ha sido considerado el ser más perfecto de dicha creación o recreación, por haber sido concebido a imagen y semejanza de Dios, o por haber sido distinguido del resto de los seres vivos por su razón y la capacidad de hablar.


Para ilustrar lo anteriormente dicho, leamos dos textos: un fragmento del Génesis, y otro del Protágoras de Platón:

«Y dijo Dios: "Bullan las aguas con un bullir de vivientes, y vuelen pájaros sobre la tierra frente a la bóveda del cielo' Y creó Dios los cetáceos y los ivientes que bullen serpeando en las aguas según sus especies, y las aves aladas según sus especies. Y vio Dios que era bueno. Y Dios los bendijo, diciendo: 'Creced, multiplicaos, llenad las aguas del mar; que las aves se multipliquen en la tierra' Pasó una tarde, pasó una mañana: el día quinto.
Y dijo Dios: "Produzca la tierra vivientes según sus especies: animales domésticos, reptiles y fieras según sus especies' Y así fue. E hizo Dios las fieras de la tierra según sus especies, los animales domésticos según sus especies y los reptiles del suelo según sus especies. Y vio Dios que era bueno. Y dijo Dios: "Hagamos al ser humano a nuestra imagen y semejanza; que ellos dominen los peces del mar, las aves del cielo, los animales domésticos y todos los reptiles". Y creó Dios al ser humano a su imagen; a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios y les dijo Dios: "Creced, multiplicaos, llenad la tierra y sometedla; dominad los peces del mar, las aves del cielo y todos los vivientes que reptan sobre la tierra', (Génesis 1,20-28. )
 

***********************

“Era el tiempo en que había ya dioses, pero aún no existían las razas mortales. Cuando también a éstas les llegó la hora marcada por el destino, los dioses las modelaron en el interior de la tierra con una mezcla formada de tierra y fuego y de las cosas que se pueden, fundir con el fuego y la tierra. Llegado el momento de sacarlas a la luz, los dioses ordenaron a Prometio y Epimeteo que distribuyesen entre todas ellas las cualidades que pudieran convenirles. Epimeteo pidió a Prometeo que le dejase cuidar de la distribución. 'Cuando la tenga hecha", le dijo, "tú la inspeccionarás" Concedido el permiso, Epimeteo se puso a la tarea. Atribuyó a unos la fuerza sin la velocidad; a los más débiles les dotó de ligereza; a algunos les concedió armas defensivas y, para los desprovistos de éstas, ideó otras cualidades que asegurasen su salvación A los que revestía de pequeñez les concedió la huida alada o la vivienda subterránea. A los que mejoró en tamaño, con esto mismo les puso a salvo. Y así, en general, mantenía equilibrado el reparto: con su inventiva cuidó de que ninguna especie desapareciera. [...] Luego que las hubo abastecido suficientemente contra la destrucción recíproca, se ocupó de defenderlas contra las intemperies procedentes de Zeus, revistiéndolas de pelos apretados y pieles espesas, adecuadas para protegerse del frío y resistentes también al calor; y para dormir, les dotó de camas naturales apropia- das a cada una de ellas. Calzó a unas con cascos, a otras con cueros espesos y sin sangre. A continuación, procuró a unas un tipo de alimento, y a otras, otro: a unas, las hierbas de la tierra; a otras, los frutos de los árboles; a otras, las raíces. A algunos animales les asignó como alimento la carne de otros. A unos les dotó de escasa fecundidad, y a sus víctimas, de una fecundidad extraordinaria, facilitándoles así la salvación de la especie. Pero Epimeteo, que no era lo bastante sabio, había ya consumido todas las facultades en favor de los irracionales, y aún le quedaba sin dotar la especie humana, por lo que no sabía qué hacer con ésta. " Cuando se encontraba en esta dificultad se presentó Prometeo, que venía a realizar su inspección. Vio a todas las especies convenientemente equipadas, pero al ser humano, desnudo, descalzo, sin lecho, inerme. Y ya estaba allí el día marcado por el destino en el que el ser humano iba a salir a la luz desde el seno de la tierra. Prometeo, ante aquella dificultad, para procurar al ser humano alguna salvación, robó a Hefesto y Atenea la sabiduría técnica y el fuego (pues sin el fuego era imposible la adquisición de aquella habilidad y su uso) y se los regaló al ser humano. Así entró éste en posesión de la sabiduría útil a la vida. Pero le faltaba la política, pues ésta estaba junto a Zeus. Prometeo no tenla tiempo de llegar a la acrópolis en la que se encuentra la morada de Zeus, y además, a las puertas de ésta habla centinelas terribles. Pero penetró a escondidas en el taller en que Atenea y Hefesto ejercen con amor su arte, de modo que les robó la técnica de la fragua, que pertenece a Hefesto, y las otras que pertenecen a Atenea, y se las entregó al ser humano, el cual pudo así disponer de recursos para la vida, en tanto que Prometeo, por culpa de Epimeteo, era, según se dice, acusado de robo.

Puesto que el ser humano participa de lo divino, se distinguió ante todo por su culto a los dioses, empezó a construir altares e imágenes divinas; enseguida adquirió el arte de articular sonidos y palabras e inventó la habitación y el vestido, el calzado y la cama, y los alimentos sacados de la tierra. En un principio, los humanos así equipados vivían dispersos; no había ciudades. Eran destruidos por los animales salvajes, siempre más fuertes que ellos; y su artesanía les bastaba para alimentarse, pero era insuficiente en la lucha contra las fieras, ya que faltaba al ser humano la técnica política, de la cual es parte el arte de la guerra. Buscaron, pues, reunirse y salvarse mediante la construcción de ciudades; pero, una vez reunidos, se agraviaban mutuamente, al no poseer la técnica política, de modo que se dispersaron de nuevo y eran otra vez destruidos. Entonces Zeus, temiendo que nuestra especie desapareciera del todo, envió a Hermes para que llevase a los seres humanos el respeto y la justicia, a fin del que en las ciudades hubiese armonía y los lazos propiciadores de amistad. Hermes preguntó a Zeus de qué manera debía dar a los humanos el pudor y la justicia. "¿Debo distribuirlos como las distintas técnicas? Pues éstas han sido repartidas así: un solo médico basta para muchas personas particulares, y lo mismo en el caso de otros artesanos. ¿Establezco también así la justicia y el pudor entre los seres humanos, o los reparto entre todos?" "Entre todos", dijo Zeus, "para que todos participen en ellos, pues las ciudades no podrían subsistir si sólo unos pocos participasen, como es el caso cuando se trata de otras artes; además, establecerás en mi nombre una ley: todo ser humano incapaz de participar en el pudor y la justicia será condenado a muerte, como una plaga contra la ciudad". (PLATÓN, Protágoras, 320d-322d)

Ambos textos coinciden en afirmar que el puesto del hombre en el cosmos se sitúa en lo más alto de la jerarquía de los seres naturales, a caballo entre los animales y los dioses. En el renacimiento Pico de la Mirándola propone, en cambio, una concepción en la que se unen el mito de Prometeo y el relato bíblico de la creación, junto con la teoría platónica de las ideas como modelos de los que se sirve el Demiurgo (no es un dios creador, sino un ser divino que le da forma a la materia caótica usando las ideas como modelos. Tanto la materia caótica como el mundo de las ideas no han sido creados, sino que existen desde siempre) veamos el texto de Pico:

«No llegaba a convencerme todo eso que se aduce por muchos sobre la excelencia de la naturaleza humana, a saber, que el ser humano es el intermediario de las criaturas, emparentado con las superiores rey de las inferiores, por la perspicacia de sus sentidos, por la penetración inquisitiva de su razón, por la luz de su inteligencia, intérprete de la naturaleza, cruce de la eternidad estable con el tiempo fluyente (lo que dicen los persas) cópula del mundo y como su himeneo, un poco inferior a los ángeles, en palabras de David.
Acabado ya todo, no quedaba en los modelos ejemplares es una nueva raza que forjar, ni en las arcas más tesoros como herencia que legar al nuevo hijo, ni en los escaños del orbe entero sitial donde asentarse el contemplador del universo. Ya estaba todo lleno, todo distribuido por sus órdenes sumos, medios e ínfimos. Decretó al fin el supremo Artesano que ya que no podía darse nada propio, fuera común lo que en propiedad a cada cual podía darse. Así pues, hizo del ser humano la hechura de una forma indefinida colocado en el centro del mundo, le habló de esta manera: "No te dimos ningún puesto fijo, ni una faz propia, ni un oficio peculiar, ¡oh Adán!, para que el puesto, la imagen y los empleos que desees para ti, ésos los tengas y poseas por tu propia decisión Y elección. Para los demás, una naturaleza contraida dentro de ciertas leyes que le hemos prescrito. Tú, no sometido a cauces algunos angostos, te la definirás según tu arbitrio al que te entregué. Te coloqué en el centro del mundo, para que volvieras más cómodamente la vista a tu alrededor y miraras todo lo que hay en ese mundo. Ni celeste ni terrestre te hicimos, ni mortal ni inmortal, para que tú mismo, como modelador y escultor de ti mismo, más a tu gusto y honra, te forjes la forma que prefieras de ti. Podrás degenerar a lo inferior, con los brutos; podrás realzarte a la par de las cosas divinas, por tu misma decisión. Lo que cada cual cultivare, aquello florecerá y dará su fruto dentro de él. Si lo vegetal, se hará planta; si lo sensual, se embrutecerá; si lo racional, se convertirá en un viviente celestial; si lo intelectual, en un ángel y en un hijo de Dios» (Oración sobre la dignidad del ser humano. 104-106 ).
 


El texto de Pico de la Mirandola pone de relieve la dificultad que el hombre tiene para situarse en el cosmos al carecer de naturaleza fija. Eso hace que lo distintivo de lo humano sea la libertad entendida aquí como la capacidad de inventar su propia naturaleza, a caballo entre lo meramente animal y lo divino. Parafraseando a Baudelaire, sólo un dios seria sublime sin interrupción, en cambio el hombre es un ser que cegado por lo sublime continuamente lo interrumpe por aspiración a ser divino. La dignidad del ser humano no estriba en ser divino, sino en su conciencia de ser humano, demasiado humano.

Según el creacionismo fijista, las especies, desde su creación, han permanecido inmutables, sin haber sufrido evolución alguna. Preformismo y epigenetismo son dos concepciones de corte creacionista que tratan de explicar el crecimiento de los individuos de las diversas especies: la primera afirma que lo único que se desarrolla es el tamaño (transformación cualitativa); la segunda sostiene que, aunque la forma cambia, lo hace según un plan genético (transformación cualitativa)

 

b) El mundo como resultado de la evolución: supone una imagen del cosmos en continua transformación, al contrario que el creacionismo. Reconoce que la vida procede de la materia inanimada, la cual, a través de una serie de transformaciones, mutaciones, selección natural, etc. Ha dado lugar a la diversidad de especies existentes, siendo el ser humano el ser más complejo y evolucionado. En la actualidad el mismo ser humano es un factor determinante en la evolución desaparición y creación de especies debido a sus experimentos genéticos, al desarrollo tecnocientífico y a las necesidades propias de las sociedades industrializadas que tanta influencia tienen en la transformación y destrucción de los, diversos ecosístemas (deterioro de la capa de ozono, tala salvaje de bosques, contaminación atmosférica y oceánica, todo ello con fatales consecuencias, cismáticas y medioambientales. Se puede decir que el papel que el ser humano juega dentro de la evolución en la actualidad es como el de un dios niño que hace y deshace sin demasiada conciencia del resultado final de su actividad.

Las diversas concepciones creacionistas o recreacionistas hacían del ser humano el centro de la creación. La teoría de la evolución lo sitúa no en el espacio, sino en el tiempo, siendo el producto final de la misma, cuyo principal artífice no es la mente de un dios, sino el caprichoso azar.

 

3. LA DIFERENCIA: el ser que se interroga

El ser humano en su actividad pensante ha tratado de establecer las diferencias con respecto a otros seres, y parece que esta búsqueda es algo específicamente humano. Dichas diferencias pueden sintetizarse en dos concepciones:

a) Animal racional, lingüístico o político: Platón y Aristóteles. Así Platón defendió que lo propio del ser humano es su capacidad racional, que le hacía capaz de conocimiento verdadero. Aristóteles profundizó en la concepción platónica. Veamos dos de sus textos:

"Se admite que hay tres cosas por las que los seres humanos se hacen buenos y virtuosos, y esas tres cosas son la naturaleza, el hábito y la razón [... ]. Los otros animales viven primordialmente por acción de la naturaleza, si bien algunos, en un grado muy pequeño, son también llevados por los hábitos; el ser humano, en cambio, vive también por acción de la razón, ya que es el único entre los animales que posee razón. De manera que en él estas tres cosas deben guardar armonía recíproca entre sí. Los seres humanos, en efecto, obran con frecuencia de manera contraria a los hábitos que han adquirido y a su naturaleza a causa de su razón, si están convencidos de que algún otro camino de acción les es preferible" (Política, VII, 12, 1332 b).

Aristóteles da otra definición del ser humano, la de “animal político”

«Es evidente que la cíudad-Estado es una cosa natural y que el ser humano es por naturaleza un animal político o social [...] Y la razón por la que el ser humano es un animal político en mayor grado que cualquier abeja o cualquier animal gregario es algo evidente. La naturaleza, según decimos, no hace nada sin un fin determinado; y el ser humano es el único entre los animales que posee el don del lenguaje. La simple voz, es verdad, puede indicar pena, y placer, y, por tanto, la poseen también los demás animales -ya que su naturaleza se ha desarrollado hasta el punto de tener sensaciones de lo que es penoso y agradable y de poder significar esto los unos a los otros-: pero el lenguaje tiene el fin de indicar lo provechoso y lo nocivo , y, por consiguiente, también lo justo lo injusto, ya que es particular propiedad del ser humano, que lo distingue de los demás animales, el ser el único que tiene la percepción del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto y de las demás cualidades morales, y es la comunidad y participación en estas cosas lo que hace una familia y una ciudad-Estado» (Aristóteles, Política, I, 1, 1253 a).

 

b) Animal cultural, capaz de transformar el medio a través de su actividad ¿racional?.
¿Cómo se sabe que restos de esqueletos encontrados en un antiguo yacimiento son restos humanos? Uno de Ios criterios es el hallazgo de utensilios cuya fabricación se les pueda atribuir con seguridad . Para la paleontología, el ser humano es "el animal que fabrica instrumentos": hay animales que pueden usar como instrumentos piedras o palos, pero sólo el animal humano los fabrica. El ser humano es, pues, el Homo faber. La expresión fue difundida por el filósofo francés Henri Bergson, aunque ya mucho antes Benjamin Franklin (1790) había definido al ser humano como a tool makíng animal. Bergson la utiliza en el contexto de la teoría de la evolución:

«Creemos que a la esencia del ser humano pertenece el crear material' y moralmente, el fabricar cosas y fabricarse a sí mismo. Homo faber, tal es definición que proponemos. El Homo sapiens ha nacido de la reflexión del homo faber sobre lo que fabricaba (H. BERGSON, el pensamiento y el movimiento, París, 1934, pp. 91-92).
“Si pudiéramos despojarnos de todo orgullo, si para definir nuestra especie nos atuviéramos estrictamente a lo que la historia y la prehistoria nos enseñado como la característica constante del ser humano y de la inteligencia, no diríamos quizá Homo sapiens, sino Homo faber. En definitiva, la inteligencia , mirada en lo que parece ser su característica más original, es la facultad de fabricar objetos artificiales, en particular instrumentos para hacer instrumentos, .y variar infinitamente la fabricación» (la evolución creadora, 1907, p. 140).

El ser humano ya no se define sólo en función del pensamiento y la racionalidad, sino en función de la acción. Para transformar el mundo el ser humano posee dos instrumentos naturales: la mano y la inteligencia. Y esto es lo sorprendente. El animal carece sólo de la primera, no de la segunda. La mano es la diferencia. Gracias a ella pudo fabricar instrumentos artificiales como prolongación de la mano misma, y de este modo desarrolló más su inteligencia, de tal modo que llegó a construir instrumentos para fabricar instrumentos, y así indefinidamente.

 

4. NATURALEZA Y CULTURA.

La racionalidad y la cultura son las dos notas que distinguen lo específicamente humano. Si los animales guían su conducta a través de sus instintos (innatos), el hombre aprende a comportarse (conducta adquirida). La cultura es la información transmitida por aprendizaje social. Llamamos meme a la unidad mínima de información cultural (como llamamos gen a la unidad mínima de información genética). Como ejemplos de memes podemos considerar a las tonadas, ideas, formas de vestir, de construir algo, etc.

La naturaleza dotó al ser humano de la razón (su único instrumento de supervivencia). La cultura: su capacidad para aprender y transmitir lo aprendido, ha posibilitado la evolución humana en el sentido que hoy la conocemos.

La naturaleza humana es universal (tal como demuestran las investigaciones genéticas) También es universal la cultura: cualquier grupo humano la tiene. Sin embargo, evidentemente, no todas las culturas son iguales, aunque en la actualidad, en virtud del desarrollo de las comunicaciones y la creciente globalización de la economía, se aprecia un proceso de convergencia entre ellas (no sabemos con qué resultados). Respecto a la cultura se puede ser relativista o etnocentrista (quien no sepa qué significan estos términos volverá a 4º!) ¿es el nivel de desarrollo tecnológico el criterio para saber si una cultura es superior a otra? ¿Puede ser una cultura superior a otra? ¿Es ético que una cultura se imponga a otra? ¿Somos los seres humanos unos bestias, es decir unos bestias sofisticados? ¿Qué hay detrás del barniz cultural del ser humano?