ARISTÓTELES

Aristóteles: oleo de Paolo Veronese 1560. Biblioteca Nazionale Marciana. Venecia

POLÍTICA

Introducción, traducción y notas de Manuela García Valdés. Madrid: Editorial Gredos, 1988, pp. 45-53. Libro Primero, 1252a-1253b

Puesto que vemos que toda ciudad (2) es una cierta comunidad (3) y que toda comunidad está constituida con miras a algún bien (porque en vista de lo que les parece bueno todos obran en todos sus actos), es evidente que todas tienden a un cierto bien, pero sobre todo tiende al supremo la soberana entre todas y que incluye a todas las demás. Ésta es la llamada ciudad y comunidad cívica. […]

Si uno observa desde su origen la evolución de las cosas, también en esta cuestión como en las demás, podrá obtener una visión más perfecta. En primer lugar, es necesario que se emparejen los que no pueden existir uno sin el otro, como la hembra y el macho con vistas a la generación (y esto no en virtud de una decisión, sino como en los demás animales y plantas; es natural la tendencia a dejar tras sí otro ser semejante a uno mismo (6)), y el que manda por naturaleza y el súbdito, para su seguridad. En efecto, el que es capaz de prever (7) con la mente es un jefe por naturaleza y un señor natural, y el que puede con su cuerpo realizar estas cosas es súbdito y esclavo por naturaleza; por eso al señor y al esclavo interesa lo mismo.

Así pues, por naturaleza está establecida una diferencia entre la hembra y el esclavo (la naturaleza no hace nada con mezquindad, como los forjadores el cuchillo de Delfos (8) sino cada cosa para un solo fin. Así como cada órgano puede cumplir mejor su función, si sirve no para muchas sino para una sola). Pero entre los bárbaros, la hembra y el esclavo tienen la misma posición, y la causa de ello es que no tienen el elemento gobernante por naturaleza, sino que su comunidad resulta de esclavo y esclava. Por eso dicen los poetas:

justo es que los helenos manden sobre los bárbaros (9),

entendiendo que bárbaro y esclavo son lo mismo por naturaleza.

Así pues, de estas dos comunidades la primera es la casa, y Hesíodo dijo con razón en su poema: Lo primero casa, mujer y buey de labranza (10).

Pues el buey hace las veces de criado para los pobres. Por tanto, la comunidad constituida naturalmente para la vida de cada día '' es la casa (12), a cuyos miembros Carondas llama «de la misma panera», y Epiménides de Creta «del mismo comedero» (13). Y la primera comunidad formada de varias casas a causa de las necesidades no cotidianas es la aldea.

Precisamente la aldea en su forma natural parece ser una colonia (14) de la casa, y algunos llaman a sus miembros «hermanos de leche», «hijos e hijos de hijos». Por eso también al principio las ciudades estaban gobernadas por reyes, como todavía hoy los bárbaros (15): resultaron de la unión de personas sometidas a reyes, ya que toda casa está regida por el más anciano, y, por lo tanto, también las colonias a causa de su parentesco. Y eso es lo que dice Homero (16):

Cada uno es legislador de sus hijos y esposas,

pues antiguamente vivían dispersos. Y todos los hombres dicen que por eso los dioses se gobiernan monárquicamente, porque también ellos al principio, y algunos aún ahora, así se gobernaban; de la misma manera que los hombres los representan a su imagen (17), así también asemejan a la suya la vida de los dioses.

La comunidad perfecta de varias aldeas es la ciudad, que tiene ya, por así decirlo, el nivel más alto de autosuficiencia (18), que nació a causa de las necesidades de la vida, pero subsiste para el vivir bien (19). De aquí que toda ciudad es por naturaleza, si también lo son las comunidades primeras. La ciudad es el fin de aquéllas, y la naturaleza es fin. En efecto, lo que cada cosa es, una vez cumplido su desarrollo, decimos que es su naturaleza, así de un hombre, de un caballo o de una casa. Además, aquello por lo que existe algo y su fin es lo mejor, y la autosuficiencia es, a la vez, un fin y lo mejor.

De todo esto es evidente que la ciudad es una de las cosas naturales, y que el hombre es por naturaleza un animal social (20), y que el insocial por naturaleza y no por azar es o un ser inferior o un ser superior al hombre. Como aquel a quien Homero (21) vitupera:

sin tribu (22), sin ley, sin hogar,

porque el que es tal por naturaleza es también amante de la guerra (23), como una pieza aislada en el juego de damas.

La razón por la cual el hombre es un ser social, más que cualquier abeja y que cualquier animal gregario, es evidente: la naturaleza, como decimos, no hace nada en vano (24), y el hombre es el único animal que tiene palabra (25). Pues la voz es signo del dolor y del placer, y por eso la poseen también los demás animales, porque su naturaleza llega hasta tener sensación de dolor y de placer e indicársela unos a otros. Pero la palabra es para manifestar lo conveniente y lo perjudicial, así como lo justo y lo injusto. Y esto es lo propio del hombre frente a los demás animales: poseer, él sólo, el sentido del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto, y de los demás valores, y la participación comunitaria de estas cosas constituye la casa y la ciudad (26). Por naturaleza, pues, la ciudad es anterior a la casa y a cada uno de nosotros, porque el todo es necesariamente anterior a la parte (27). En efecto, destruido el todo, ya no habrá ni pie ni mano, a no ser con nombre equívoco, como se puede decir una mano de piedra: pues tal será una mano muerta.

Todas las cosas se definen por su función y por sus facultades (28), de suerte que cuando éstas ya no son tales no se puede decir que las cosas son las mismas, sino del mismo nombre. Así pues, es evidente que la ciudad es por naturaleza y es anterior al individuo; porque si cada uno por separado no se basta a sí mismo, se encontrará de manera semejante a las demás partes en relación con el todo. Y el que no puede vivir en comunidad, o no necesita nada por su propia suficiencia, no es miembro de la ciudad, sino una bestia o un dios.

En todos existe por naturaleza la tendencia hacia tal comunidad, pero el primero que la estableció fue causante de los mayores beneficios (29). Pues, así como el hombre perfecto es el mejor de los animales, así también, apartado de la ley y de la justicia, es el peor de todos (30).

La injusticia más insoportable es la que posee armas, y el hombre está naturalmente provisto de armas al servicio de la sensatez y de la virtud, pero puede utilizarlas para las cosas más opuestas. Por eso, sin virtud, es el ser más impío y feroz y el peor en su lascivia y voracidad. La justicia, en cambio, es un valor cívico, pues la justicia es el orden de la comunidad civil, y la virtud de la justicia es el discernimiento de lo justo.

 

NOTAS:

(2) Ciudad traduce la palabra griega pólis que se refiere a una realidad histórica sin un paralelo exacto en nuestra época; en ella se recogen las nociones de «ciudad» y «estado». La traduciremos por la acepción usual de «ciudad» sin recurrir a la expresión «ciudad-estado)). La pólis era la forma perfecta de sociedad civil; sus rasgos esenciales eran: extensión territorial reducida, 'de modo que sus habitantes se conocieran unos a otros; independencia económica (autarquía), es decir, que produjese lo suficiente para la alimentación de su población; y, especialmente, independencia política (autonomía), es decir, no estar sometida a otra ciudad ni a otro poder extranjero. 

(3) Comunidad recoge el término griego koinónía. En muchos contextos en que hay un nivel alto de abstracción el vocablo comunidad es generalmente aceptable. En algunos casos lo traduciremos por asociación, en el que están presentes los elementos de intencionalidad, colaboración mutua y común acuerdo que el término griego implica.

(6) Platón también considera el matrimonio como un medio de alcanzar la inmortalidad; véase Leyes IV 721b c. (7) Cf. PLATÓN, Leyes 690b.

(8) Para esta referencia, entre otras explicaciones, podemos recoger la que nos da ATENEO, Deipnosofistas 173c y ss.: «Los de Delfos eran famosos por sus cuchillos que servían a la vez para varios empleos: matarla víctima, descuartizarla y cortarla en trozos».

(9) Cf., entre otros, EURÍPIDES, Ifigenia en Áulide 1400; Helena 276.

(10) Cf. HESÍODO, Trabajos y días 405.

(11) En este pasaje la familia parece tener un fin algo diferente del indicado en 1252a26-34.

(12) El término griego oikía lo traducimos en el sentido amplio de «casa» como unidad familiar, constituida por el hombre, la mujer, los hijos, los esclavos y los bienes.

(13) Para mostrar que la familia tiene su origen en la satisfacción de las necesidades de la vida de cada día, Aristóteles nos da los nombres que los antiguos aplican a sus miembros. — Carondas fue legislador de Catania, cf. Política II 12, 1274a 23. Era un aristócrata y vivió probablemente en el s. vi a. C. — De Epiménides de Festos (Creta) no se conoce con seguridad la cronología. Pasa, según algunos testimonios, por ser el último de los Siete Sabios de Grecia. Plutarco, en Solón, 12, dice de él «que era amado de los dioses, inteligente en las cosas divinas y poseedor de la sabiduría profética y misteriosa».

(14) Se encuentra una expresión semejante en PLATÓN, Leyes VI 776a. En griego hay un cierto juego de palabras entre apoikía, colonia, y oikía, casa, que no se puede recoger en la traducción. Aristóteles parece tener presente en todo este capítulo segundo, Leyes III 680 y ss., donde Platón se refiere también al pasaje de Homero para probar que en otro tiempo predominaba la realeza patriarcal. (15) Los bárbaros por oposición a los griegos. El término griego que lo expresa es éthnos; indica un grupo de hombres de la misma raza, el conjunto de una tribu o un pueblo que se opone generalmente a lo que se define con el término polis.

(16) Cf. HOMERO, Odisea IX 114. Para Aristóteles la descripción homérica de los Cíclopes es una representación mítica de los comienzos primitivos de la sociedad humana. También son citados los Cíclopes en Ética a Nicómaco X 10, 1180a28, como un caso típico de grupo independiente que vive aparte de toda organización estatal.

(17) Cf. ARISTÓTELES, Metafísica B 2, 997M0.

(18) La autosuficiencia, en griego autárkeia (autarquía), incluye el poseer lo necesario y lograr una vida feliz. Cf. Política, VII 4, 1326b4, y III 9, 1280b34. La define el propio Aristóteles en Ética a Nicómaco I 5, 1097b 14: «Consideramos suficiente lo que por sí solo hace deseable la vida y no necesita nada».

(19) Esta idea de «vivir bien» o «bienestar» frente a la simple existencia es uno de los temas centrales de la ética y de la política aristotélica. Véase, también, PLATÓN, República II 11, 369c y ss.; Hipias menor 368b-e.

(20) Nos encontramos con la famosa expresión aristotélica que define al hombre: politikón zôion. La traducción será siempre poco fiel. El sustantivo zôion quiere decir «ser viviente», «animal», y el adjetivo que le acompaña lo califica como perteneciente a una pólis, que es a la vez la sociedad y la comunidad política (cf. supra, nota 2). ¿Cómo traducir la expresión griega: «animal cívico», «animal político» o «animal social»? En este pasaje parece referirse al carácter social de los individuos que forman la ciudad. Cf. también ARISTÓTELES, Ética a Nicómaco IX 9, 1169M6 y ss.

(21) Cf. HOMERO, Ilíada IX 63.

(22) Sin tribu debería, tal vez, decir sin fratría, para recoger el término griego aphrétor. Se trata de una división originaria de la población ateniense. Cf. ARISTÓTELES, Constitución de los Atenienses, frag. 5: «Las tribus de Atenas eran cuatro, y de cada una de las tribus había tres partes, que llamaban tritios y fratrías, y cada una de éstas tenía treinta linajes, y cada linaje se componía de treinta hombres» [trad. M. GARCÍA VALDÉS], B. C. G., 70, Madrid, 1984, pág. 51.

(23) Un ser que ama la guerra por la guerra, según Aristóteles, es una persona envilecida o, como Ares, superior al hombre. Cf. ARISTÓTELES, Ética a Nicómaco X 7, 117,7b9 ss., y las palabras de indignación que Zeus dirige a Ares en Ilíada V 890 ss.

(24) Véase la misma idea infra, 8, 1256b21.

(25) Cf. ARISTÓTELES, Ética a Nicómaco IX 9, 1170b 11 ss.: «He aquí lo que se produce cuando se convive y se intercambian palabras y pensamientos, porque así podría definirse la sociedad humana, y no, como la del ganado, por el hecho de pacer en el mismo prado». Cf. También ISÓCRATES, Sobre el cambio de fortunas 253-7, y A Nicocles 50 ss. Y Sócrates consideraba el lenguaje como una de las condiciones de la vida política; cf. JENOFONTE, Memorables IV 3, 12, pasajes todos que pudo haber conocido Aristóteles.

(26) Estas ideas están expresadas también infra, III 9, 1280b5; Ética a Nicómaco IX 9, 1167b2; PLATÓN, República VI 484d. — Aristóteles, supra, I 2, 1252a26-34, sostiene que el origen de la familia y, por tanto, de la ciudad está relacionado con los instintos comunes a los animales y plantas; en el pasaje presente la casa familiar y la ciudad sólo se dan en los seres humanos, porque su existencia implica una serie de cualidades que sólo son propias de estos seres. El mismo autor, infra, III 9, 1280a31, da otras razones de la ausencia de la ciudad entre los animales.

(27) Este es un principio esencial de la ontología aristotélica, que aplica para demostrar la anterioridad de la ciudad. Ésta forma un todo constituido por individuos que son sus partes; cf PLATÓN, República VIII 552a.

(28) Cf. PLATÓN, Sofista 247d; ARISTÓTELES, Metafísica VII 10, 1035M6; Sobre la reproducción de los animales I 2, 716a23.

(29) Para Aristóteles el carácter natural de la comunidad no excluye que tenga un fundador. Se deben dar juntas una tendencia natural y la voluntad de la acción humana.

(30) Cf. HESÍODO, Trabajos y días 275. HERÓDOTO IV 108. PLATÓN, Leyes 765e; Protágoras 327d-e. ARISTÓTELES, Ética a Nicómaco VII 7, 1150al-5.